Recientemente un cliente nos convocó con relativa urgencia solicitando una propuesta de comunicación para posicionar a su empresa como “socialmente responsable”. Sin necesidad de indagar mucho, descubrimos que detrás de esta urgencia se encontraba el director general, quien a su vez era presionado por su esposa, convencida que el negocio de su esposo debería tener una fundación que organizara colectas, donaciones, y que fuera “verde”, como está de moda.
Buscamos en ese momento la mejor analogía para explicarle al cliente, de manera sencilla, la diferencia que existe entre una campaña de mercadotecnia social y un verdadero programa de responsabilidad social corporativa.
Le pedimos entonces al cliente nos mencionara qué valores o comportamientos debería tener una persona en su día a día para que él lo calificara como alguien que se conduce de manera responsable. El cliente nos contestó que esta persona debería estar comprometida con el bienestar de su familia, que mantuviera una relación productiva con su jefe y compañeros de trabajo, que tratara a vecinos y amigos de manera respetuosa, y que pudiera ayudarlos cuando lo necesiten. Alguien que cuida su salud, que no tira basura en la calle, que respeta las señales de tránsito. En fin, una persona consciente del impacto directo que tiene en sus semejantes y en su entorno.
Así como las personas, una empresa necesita conducirse de manera responsable consistentemente, a lo largo del tiempo, para exceder el compromiso que tiene con su entorno y lograr que los demás la reconozcan como socialmente responsable. No es suficiente un sello que certifique su compromiso, un slogan, o una campaña “verde”.
Una campaña de mercadotecnia enfocada a fines filantrópicos, busca crear un vínculo emocional entre una marca y una causa social (mercadotecnia social), y generalmente ve sus resultados finales en la exposición del logotipo de la empresa, o de sus colaboradores participando en un evento social, donando un cheque o participando en algún evento altruista. Todo lo anterior es totalmente válido, pero no necesariamente lo único que necesitan las empresas para considerarse socialmente responsables. Tampoco son los esfuerzos en pro del medio ambiente implementados de manera aislada.
Un programa de responsabilidad social corporativa es una forma de pensar y de hacer negocios a lo largo del tiempo con tres enfoques: sus resultados (de manera transparente y rentable), la sociedad (empezando por los empleados, proveedores, clientes, autoridades y comunidades en las que opera) y el medio ambiente (en dos vías: tanto acciones preventivas como correctivas).
Pronto compartiremos nuevas anécdotas sobre este tema, explorando perspectivas como:
+ Cuando ser una empresa socialmente responsable genera mercado
+ Los principales factores de éxito en los programas de responsabilidad social corporativa
+ Cómo crean un plan de responsabilidad social de acuerdo a la industria de una empresa
Recientemente un cliente nos convocó con relativa urgencia solicitando una propuesta de comunicación para posicionar a su empresa como “socialmente responsable”. Sin necesidad de indagar mucho, descubrimos que detrás de esta urgencia se encontraba el director general, quien a su vez era presionado por su esposa, convencida que el negocio de su esposo debería tener una fundación que organizara colectas, donaciones, y que fuera “verde”, como está de moda.
Buscamos en ese momento la mejor analogía para explicarle al cliente, de manera sencilla, la diferencia que existe entre una campaña de mercadotecnia social y un verdadero programa de responsabilidad social corporativa.
Le pedimos entonces al cliente nos mencionara qué valores o comportamientos debería tener una persona en su día a día para que él lo calificara como alguien que se conduce de manera responsable. El cliente nos contestó que esta persona debería estar comprometida con el bienestar de su familia, que mantuviera una relación productiva con su jefe y compañeros de trabajo, que tratara a vecinos y amigos de manera respetuosa, y que pudiera ayudarlos cuando lo necesiten. Alguien que cuida su salud, que no tira basura en la calle, que respeta las señales de tránsito. En fin, una persona consciente del impacto directo que tiene en sus semejantes y en su entorno.
Así como las personas, una empresa necesita conducirse de manera responsable consistentemente, a lo largo del tiempo, para exceder el compromiso que tiene con su entorno y lograr que los demás la reconozcan como socialmente responsable. No es suficiente un sello que certifique su compromiso, un slogan, o una campaña “verde”.
Una campaña de mercadotecnia enfocada a fines filantrópicos, busca crear un vínculo emocional entre una marca y una causa social (mercadotecnia social), y generalmente ve sus resultados finales en la exposición del logotipo de la empresa, o de sus colaboradores participando en un evento social, donando un cheque o participando en algún evento altruista. Todo lo anterior es totalmente válido, pero no necesariamente lo único que necesitan las empresas para considerarse socialmente responsables. Tampoco son los esfuerzos en pro del medio ambiente implementados de manera aislada.
Un programa de responsabilidad social corporativa es una forma de pensar y de hacer negocios a lo largo del tiempo con tres enfoques: sus resultados (de manera transparente y rentable), la sociedad (empezando por los empleados, proveedores, clientes, autoridades y comunidades en las que opera) y el medio ambiente (en dos vías: tanto acciones preventivas como correctivas).
Pronto compartiremos nuevas anécdotas sobre este tema, explorando perspectivas como:
+ Cuando ser una empresa socialmente responsable genera mercado
+ Los principales factores de éxito en los programas de responsabilidad social corporativa
+ Cómo crean un plan de responsabilidad social de acuerdo a la industria de una empresa