Hay un viejo refrán que asegura que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Hasta lo más moderno e innovador tiene sus bases en algo que vino anteriormente. Harold Burson me contó que le dedicó gran tiempo a investigar sobre cómo los periódicos habían reaccionado a la introducción del teléfono, comparando esa cobertura a la que recibió la llegada del Internet. Eso me recordó un libro que leí hace unos años, en el que el autor decía que la llegada del telégrafo también había sido tan revolucionaria para los usuarios del siglo 19, en cuanto a la facilidad y rapidez de las comunicaciones, que él lo denominaba el “Internet victoriano”.
Hasta a Facebook le podemos encontrar sus raíces antiguas. En el siglo 19 ya existía una variedad de directorios de personas, con detalles personales. En Inglaterra, en 1826 se empezó a publicar el “Burke’s Peerage”, un directorio de los miembros de la élite británica, incluyendo miembros de la realeza, el cual aun se publica. En 1849, se empezó a publicar, también en Inglaterra, el “Who’s Who” (Quién es Quién), un directorio de parlamentarios y aristócratas. Todavía hoy, muchas importantes editoriales publican directorios de “Who’s Who”, aunque muchas veces segmentados por sector, profesión, etnicidad, etc.
En Estados Unidos, el concepto se lanzó con el “Social Register” (Registro Social) en 1886. El libro, que lo publica ahora la editorial Forbes, incluia — y aun incluye— información sobre miembros de la alta sociedad. Inicialmente era exclusivo para miembros de las más “nobles” familias de Nueva York, pero en 1918 ya existían versiones para 26 ciudades de Estados Unidos. Desde 1976, ya se publica como un sólo directorio nacional, con nombres y direcciones, datos sobre membresía en exclusivos clubes y sociedades, afiliaciones académicas, y avisos de matrimonios, nacimientos y fallecimientos. El “Social Register” se publica en ediciones de invierno y verano, y la veraniega incluye nombres de yates y de sus propietarios. Actualmente tienen versiones digitales.
Naturalmente, para mantener la exclusividad, quienes entran al “Social Register” tienen que ser depurados por un comité después de ser nominados por un mínimo de cinco personas ya listadas. La democratización del concepto se inicia con la publicación de información personal en directorios telefónicos, anuarios escolares y otras listas abiertas al público. El mismo Facebook, fundada por Mark Zuckerberg, conjuntamente con otros estudiantes amigos, incluyendo el brasileño Eduardo Saverin, tomó su nombre del “face book” (libro de caras o retratos), un directorio de alumnos y profesores publicado por el exclusivo colegio Phillips Exeter Academy de New Hampshire donde estudió Zuckerberg.
Mientras hoy usamos Facebook para comunicarnos, expresarnos, buscar información, chatear y muchísimas otras cosas, con la democracia e interactividad inimaginable para nuestros antepasados, ya hay otros “Zuckerberg” buscando nuevas y mejores alternativas. Si juzgamos por la historia, en unos años posiblemente estaremos analizando el fenómeno de Facebook con la misma curiosidad con que vemos el “Social Register”. Si no lo cree, solamente piense en cuándo fue la última vez que entró a su cuenta de Myspace.
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